Son relativamente comunes las bodegas que tienen a gala exhibir autógrafos de las celebridades que las visitan. Muchas menos, apenas unas pocas, pueden presumir de una colección de rúbricas realizadas directamente sobre tapas de barrica por personalidades del mundo del espectáculo y de la cultura. Pero no nos consta ninguna con una coleccion de pintura comparable a la que ha llegado a atesorar la Bodega del Riojano, por su especificidad, calidad y cantidad. La confluencia del espíritu inquieto y emprendedor de Víctor Merino (riojano como su padre Vítores, quien había dado nombre al negocio) y del certero criterio artístico del galerista y escritor Manuel Arce difícilmente pudo haber resultado más feliz. Aquella aventura llamada a poner color a los cenicientos años de posguerra, en la década de los cincuenta, se nos ofrece hoy a través de más de un centenar de piezas, redondas como las tapas de las barricas, casi todas pintadas. La suma de pinturas se fue tornando tan sobresaliente, se fue revelando tan singular, que pronto fue conocida como el Museo Redondo e El Riojano, apelativo con ese punto hiperbólico que suelen engendrar el entusiasmo y la pasión... (De la Presentación del libro) |